A no todas las mujeres les sientan bien los mismos zapatos, por lo que es necesario que tengas en cuenta cuáles son mejores para ti y con cuáles te sientes más cómoda al caminar con tacones. De esta manera, si sabes escoger los zapatos que te sientan bien y que además te hacen sentir bien, podrás acabar la noche sin ampollas en tus pies y sin tener que llevar los zapatos planos en el bolso.
Siempre hay una fiesta o una ocasión especial que nos permite llevar tacones, aunque no aguantemos el dolor de pies. Estas molestias podrían ser causadas por enfermedades, deformidades o, simplemente, por usar un calzado que no es para ti. Incluso, puede ser generado por un virus, hongo o bacteria, sin la necesidad que el tipo de zapato que usemos influya.
Exacto, algo muy doloroso y molesto que suele producirse dentro del proceso general de envejecimiento como consecuencia de que los huesos, las articulaciones y los ligamentos de la columna vertebral se debilitan y no son capaces de mantenerte alineada. Pero ¡eh! Esto sucede a partir de los 65 años porque el cuerpo empieza a decir: "Hasta aquí hemos llegado". No a los 35 porque uses zapatos de 15 centímetros, ¡por el amor de dios!
Si, a pesar de todo, tus pies se resisten a aguantar los tacones, la cirugía también ha encontrado un posible remedio. Menos casero y más extremista que los anteriores, es el injerto de grasa en el talón, procedente de otra zona del cuerpo como el vientre o las nalgas. Esta grasa crea un efecto almohadilla en la planta considerablemente duradero. Además, la operación tiene una duración de sólo una hora y se realiza con anestesia local.

Una buena crema hidrante que nutre tu piel, también lo hace con tus zapatos. ¿Sabías que si extiendes la crema por tus zapatos evitarás rozaduras? Pues sí, untando la crema hidratante por tus tacones un par de veces, evitarás que te hagan daño esos zapatos maravillosos que tanto quieres. ¡Te aseguro que funciona! y podrás aguantas los tacones toda la noche. ¡Pruébalo!
1. Camina dando pequeños pasos y apoyando primero el talón y luego los dedos. Parece obvio (y lo es), pero uno de los errores que contribuye a que los tacones nos resulten incómodos es que, a veces, tenemos tendencia a caminar como si lo hiciéramos con bailarinas. Si sigues la pauta adecuada, conseguirás también mantener el equilibrio y la postura correcta.
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Al día siguiente, sí, al día siguiente estaba tan envalentonada y decidí pasar el día con esos tacones. Esta iba a ser la prueba de fuego. Todavía no había llegado el frío entonces fue una experiencia de lo más placentera. Hice todos los trámites del día caminando. Siempre los hago caminando, pero ni en un millón de años se me hubiese ocurrido hacerlos subida a mis taconcitos.
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