Si no has nacido con el superpoder de caminar con tacones con la misma naturalidad que si llevaras unas zapatillas (tranquila, es casi tan difícil como el de la teletransportación), la ayuda extra de una pulsera atada al tobillo o un abotinado que te sujete el empeine será de agradecer. Lo malo de este tipo de zapatos es que acorta visualmente la pierna y no estilizan tanto como los que muestran el empeine. Si tus piernas son cortas o anchas, solo te los recomendaríamos para llevarlos con pantalones, jamás con faldas o vestidos.
Son los preferidos por el 89% de las españolas para acudir a fiestas o eventos. Y aunque las tendencias coinciden cada vez más en diseños que estilizan sin elevarnos a demasiados centímetros, los zapatos de tacón alto han protagonizado las frases más célebres de diseñadores como Roger Vivier, Coco Chanel o Manolo Blahnik. Sin embargo, mientras para muchas de nosotras el estilo se multiplica sobre unos stilettos, también aumentan las posibilidades de que nuestros pies y espalda sufran, a menos que se sigan algunas recomendaciones de los expertos. Sugerencias que por cierto, ponen en práctica algunas de las mujeres más deseadas del mundo. Meghan Markle, entre ellas.

¿A quién no le gusta pisar la arena o algún césped o algún suelo blando? Cuando pisamos sobre suelo blando, vamos mucho más cómodas. El problema es que las plantillas quedan visibles en los tacones o sandalias. Pero tenemos alternativa: Plantillas de silicona. En cualquier tienda encontrarás este tipo de plantillas de almohadillas.  Así evitamos que el pie vaya hacia adelante y quede fijo además de pisar algo más mullido. ¿Qué te parece este consejo para aguantar los tacones ?


Este simple pero efectivo truco sirve para aliviar el dolor que se produce en el metatarso. Hay un principio biológico que explica eso.  Existe un nervio que se divide en dos justo entre esos dedos del pie, el cual, causa dolor cuando hay presión por causa de los tacos altos. Gracias a la acción de juntar los dedos quitas presión sobre el nervio, evitando el dolor que esta produce.
Al día siguiente, sí, al día siguiente estaba tan envalentonada y decidí pasar el día con esos tacones. Esta iba a ser la prueba de fuego. Todavía no había llegado el frío entonces fue una experiencia de lo más placentera. Hice todos los trámites del día caminando. Siempre los hago caminando, pero ni en un millón de años se me hubiese ocurrido hacerlos subida a mis taconcitos.
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