5.-Aprende a caminar. Dar un paseo en tenis es muy diferente que darlo en tacones. Por eso, borra lo que sabías de caminar –sí, así como lo lees-, y comienza con el mejor truco: mantén inmóvil tu cabeza hasta la cintura y sólo mueve tu cadera y piernas. A cada paso que des, primero comienza con el tacón y luego la punta; tu andar se volverá más natural y fácil.
“Uso una crema que me compro en la farmacia y que contiene ibuprofeno. Está indicada para esguinces y contusiones musculares pero, al ser antiinflamatorias y analgésica, evita que me duelan los pies. Me doy un masaje con ella, antes de subirme al tacón. ¡Y lista para aguantar todo el día!… ¡o toda la noche! También tengo puestas las plantillas Foot petals en todos mis zapatos”.
Y estoy totalmente decaurdo en que unos buenos tacones siempre hacer lucir muy chic a cualquier mujer, pero debe de saber caminar si no lo arruinaria todo, como compañeras de trabajo, que usan una plataforma de table, y no saben caminar flexionan la rodilla al momento de dar el paso y eso hacer ver que no saben caminar en tacones y es mas penoso que no ponerselos.
Cuida la amortiguación . Si vas a pasar mucho tiempo usando taco alto, sea caminando o estando de pie, considera usar almohadillas metatarsianas de silicona o de gel, las cuales están hechas especialmente para el pie. Así amortiguarás la presión en la punta del pie, evitando dolor. También puedes colocar plantillas para amortiguar presión en la planta del pie o elegir modelos plataforma.
Claro, cuando vas entaconada te ves las piernas largas y estilizadas. "Vaya tipazo tengo", te dices. Pero, ¡sorpresa!, la realidad es que tus extremidades inferiores crecen cuando te bajas de las alturas. Así lo asegura un estudio publicado en 'The Journal of Applied Physiology', según el cual las personas que usan habitualmente zapatos de tacón, no solo caminan dando pasos más cortos (tanto cuando los llevan puestos como al andar descalzas), sino que tienen los músculos de las pantorrillas más cortos de lo normal. 
Al día siguiente, sí, al día siguiente estaba tan envalentonada y decidí pasar el día con esos tacones. Esta iba a ser la prueba de fuego. Todavía no había llegado el frío entonces fue una experiencia de lo más placentera. Hice todos los trámites del día caminando. Siempre los hago caminando, pero ni en un millón de años se me hubiese ocurrido hacerlos subida a mis taconcitos. 
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