Cuando te mires unos zapatos de tacón comprueba que se mantienen de pie por sí solos… Parece una tontería, pero hay taconazos que cuando los dejas solos en el suelo y les das un ligero toque en la zona del talón tiemblan y se tambalean, o incluso se caen. O sea que, aunque la dependienta te mire raro, antes de probártelos, déjalos en el suelo y dales un pequeño toque con el dedo para comprobar su estabilidad. Si no tiemblan, la horma es buena.


Sí, se puede aligerar el procedimiento por el cual se dan de sí los zapatos. Es normal que al principio aprieten un poco (especialmente si son botines), pero tenemos un pequeño truco para que no tengas que sufrir más los primeros días. Colócate unos calcetines gordos, ponte los zapatos y dales con el secador. Conseguirás ablandar el material haciendo que ceda y se amolde a tus pies.
Si, a pesar de todo, tus pies se resisten a aguantar los tacones, la cirugía también ha encontrado un posible remedio. Menos casero y más extremista que los anteriores, es el injerto de grasa en el talón, procedente de otra zona del cuerpo como el vientre o las nalgas. Esta grasa crea un efecto almohadilla en la planta considerablemente duradero. Además, la operación tiene una duración de sólo una hora y se realiza con anestesia local.
Por evidente que parezca, si en lugar de empeñarte en calzar unos salones de 13 centímetros optas por una altura inferior, el dolor decrecerá proporcionalmente a la disminución de curvatura a la que se someta el pie. Aunque Manolo Blahnik, el mejor embajador del calzado español en el mundo, confesaba que su altura favorita son los tres centímetros (es el llamado ‘Kitten heel’ o tacón de gatita que el mismo creó), con elegir la medida con la que te sientas cómoda será suficiente. Los tacones anchos también son más confortables (y aportan un toque ‘pop’).
“Para evitar o reducir las lesiones, lo más aconsejable sería usar los tacones sólo de manera ocasional y reducir en la medida de lo posible la altura del tacón, ya que cuanto más alto sea, más afectadas se verán la distribución de cargas sobre el pie y la biomecánica del pie y la pierna”, explica la doctora Montse Martínez, vicepresidenta del Colegio de Podólogos de Galicia. Ella también afirma que algunas lesiones podrían prevenirse con “ejercicios que potencien la musculatura de los gemelos y de la zona lumbar para contrarrestar el efecto de los tacones sobre la postura”. Esta experta recomienda “caminar de puntillas o hacer secuencias de flexión y extensión de tobillo”, pero otras disciplinas que ayuden a fortalecer la espalda y las piernas (como el CrossHIIT) también ayudarán.
Al día siguiente, sí, al día siguiente estaba tan envalentonada y decidí pasar el día con esos tacones. Esta iba a ser la prueba de fuego. Todavía no había llegado el frío entonces fue una experiencia de lo más placentera. Hice todos los trámites del día caminando. Siempre los hago caminando, pero ni en un millón de años se me hubiese ocurrido hacerlos subida a mis taconcitos.
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